Suficiente de suponer.
De especular los resultados.
Nada, nunca, tiene el resultado calculado. Ninguna pregunta a la que se sobreponga una especulación tendrá un resultado exacto. El margen de error es más grande que la propia imaginación; mucho mejor, o mucho peor que todo aquello que internamente maquinamos con descaro, y con el soberbio deseo de tener una migaja de la tan codiciada “razón”, sin siquiera haber planteado “bien” la pregunta.
¿Y qué caso tiene plantearse la pregunta?
Es simple. No lo tiene.
A veces parece que no hay siquiera un camino. No hay decisión. El engaño viene después, decorado de “¿por qué yo?” o “¿qué hubiera pasado si…?”
Todo simplemente ocurre y en la marcha se va viendo la pregunta a la par del resultado. Y nuevas preguntas con los resultados, y nuevos resultados al escoger otras preguntas, y todo sigue el cómico ciclo de empezar y acabar, de acabar rápido o acabar lento; de parecer no acabar a veces. De parecer acabar demasiado pronto en otras.
Cada vez es ligeramente diferente. Algunas variables hacen del hecho una burla nueva de parte del universo, de Dios, o de lo que sea a lo que queramos atribuir los males. El derecho humano fundamental de elegir a qué o a quién lanzarle improperios, borracho de frustración, ebrio en el vacío de un burdo círculo que queremos hacer ver perfecto en Instagram.
Con todo y la penumbra, caminar sobre el abismo es siempre un placer. Se gana el peso de la práctica. Se adquieren las picos con el filo necesario para excavar en la vasta roca de la ilusión. De sacar un buen tronco y empujarlo como un idiota, hasta que se resbale hacia atrás en un descuido y se pueda, de nuevo, lanzar improperios al azar.
«Llévame lejos, no quiero sentir absolutamente nada»
La práctica es una bella dama. Es clara. Es honesta. Mientras otorga esa peleada y merecida experticia, hace sentir sin filtro alguno cómo ha de pagarse ese necesario servicio.
A tiempo, como toda factura, habrá de saber el pobre individuo que la moneda de cambio de la praxis es el hecho de empezar a no sentir, y sólo hacer.
Salir a la calle, a la montaña, al desierto, a cumplir deseos. A materializarlos con facilidad.
Hacer pequeñas las consecuencias. Hacer mínimos los dolores.
Revivirlos sólo para reconocerlos como un episodio insignificante. Muerto. Aun así, pedalear con la ilusión de que ese cadáver puede estar de pie otra vez, siendo tú ese cadáver.

La praxis lo es todo.
Increpa a tu vecino. Dale cara a la ex novia de tu primo. Relaciónate con una persona enferma. Usa, y déjate usar.
Cómete unos hongos. Bebe ayahuasca y convéncete de ser espiritual.
Ve donde el masajista, donde el consejero, donde el conserje de las almas.
Revela tu intimidad a un desconocido. Entrégasela a un desquiciado.
Fúmate, esnífate, inyéctate.
Involúcrate con una persona casada.
Pasa una noche con un antiguo amor. Amenaza a tu jefe. Insulta a tu madre. Abandona a tu padre.
Practícalo, que es lo importante.
No mates tu ego.
Mátate tú, y serás libre.