Véndete

No necesariamente al mejor postor.

Véndete como la mejor de las adquisiciones; como ese lindo Rolex incrustado en diamantes que todos quieren, pero que nadie necesita.

Carecer de un video promocional de alta producción no será un problema. Basta con salir a la calle vistiendo alguna de tantas máscaras que, artesanalmente, has ido fabricando a lo largo de la ínfima experiencia universal que te atreviste a tomar.

Anda, ponte en el cuello la pañoleta verde y roja, o de una vez la púrpura, y haz el teatrico de formar parte de la nueva élite ilustrada que antepone e impone las formas correctas de llevar a rastras la mejor versión de la moralidad. La inquisición del pensamiento convertida al biempensantismo opresor.

Aun mejor, ve por la vida jurando que eres la sinceridad, la claridad en pasta, como el agua del bosque virgen. Pon tu red, e irás viendo cómo caen los incautos por decenas, mientras tú presumes de la valía de tu falsa pulcritud en sociedad.

I don’t care what you do

Puede ser más fácil. Tienes un cuerpo. Véndelo. Créete tu propia fábula sobre la libertad de ofrecimiento estético; reafirma tu autoridad de vender humo, mientras puedes hacerte la dignidad de papel contigo, sin asco, diciendo que tu libertad no trae disgustos y consecuencias.

Sólo necesitas existir para poder venderte.

Véndete.

No necesitas buscar al mejor postor.

Sé tu mejor postor.

Afuera nadie dará un centavo por ti.  

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