Besos fucsia para el espíritu

Después de darle muchas vueltas, y seguirlas dando…

Después de mucho pensar, y no pensar, de hecho, en nada.

Después de mucho buscar, justo ahí; sin buscar, algo me ha detenido a observar entre la amplia y excéntrica red de vías por las que corre la sangre humana, y las cientos de variaciones que pueden producir un irreversible fallo en el correcto flujo de éstas, además de las otras decenas de dispositivos orgánicos que componen la totalidad de la compleja anatomía humana.

Incierto es todo sobre nosotros y nuestro entorno. Todo son simples teorías, reducidas a aquello que es observable y comprobable. Aquello que es etéreo; aquello que simplemente es imposible concebir y comprender, ha quedado relegado al ridículo, el absurdo y la superstición, pero… no sé. Nada es cierto, como dirían los caoístas.

“Algunos alaban la presunta verdad, pero la dotan de muchos recipientes. Olvidando su dependencia prueban su relación y paradoja; la canción de la experiencia y la ilusión. La paradoja no es la “verdad”, más la “verdad” es que cualquier cosa puede ser verdad durante un tiempo.” (A. Osman Spare, 1913)

Spare, Austin Osman. El Libro del Placer. 1913.

Lo que sí se puede considerar cierto, es que ese pedazo de masa alojado en nuestro cráneo es un verdadero misterio. Más allá de las deducciones funcionales sobre aquel enigmático órgano, siempre hay algo más. ¿Qué? No sé. Entes amorfos que parecen hacer parte de nosotros y, a su vez, parecen no tener nada que ver.

Arcano XIII La muerte/La transformación

Al ser inexplicable, el plano de la tan sonada “realidad” no es más que una proyección borrosa del entorno, y de sí mismo. Ahora bien; la frágil definición de la realidad, la convierte en un papel maleable, alterable, variable, perturbable, descomponible, sobre exaltable…

Modificar temporalmente la realidad del peculiar mundillo que somos dentro, si bien llega a ser peligroso, parece ser también una ruleta a la que se debe jugar. Una hora después de tragar apretando los párpados, la rueda empieza a girar. Le he lanzado un beso fucsia a mi espíritu.

Sin darme cuenta el aire se vuelve suave; acolchado. A media luz me gusta lo que veo, todo ello. Puedo jurar que identifico cada tono que suena con el rápido temblor de los hielos en el vaso. Puedo dar testimonio de haber identificado cada pequeña figura de la bocanada de humo que sale de mi boca. Sin embargo, estoy donde estaba antes. El mismo lugar, la misma compañía, el mismo ambiente. Todo es igual, aunque mejor. Transcurren pocos minutos para que la música se convierta en un verdadero banquete sonoro.

Tomo el vaso, y hago sonar el hielo otra vez.

– El licor está sobrevalorado -dije.

– Totalmente de acuerdo -me dijo.

Siento una extraña sensación de control total desde la punta de los dedos, hasta el último de mis cabellos. Esta sensación es sólo una ilusión, como siempre, pero se siente agradable. De ahí en adelante, mi arrítmico esqueleto es invitado interna y externamente a bailar, abrazado por una lucidez que sólo podría describir a medias. Siento que tengo mucho por decir, pero a pesar de esto, todo lo sintetizo en pocas palabras.

– Perdón por hablar tanto -dije.

– Sólo relájate -me dijo.

– Está bien -sentencié, y sonreí.

Mi voz se escucha muy suave, apaciguada. El enojo que embriaga mis días parece haberse tomado un descanso.

MDMA

Mi realidad ha sido alterada, mas no modificada. Ha sido reducida. Reducida a lo esencial; aquel momento. La música lo es todo ahora; al impulsar mis movimientos puedo sentir la suavidad del aire. Me siento tan liviano que las prendas que llevo puestas se convirtieron en un peso innecesario; quiero el aire también en mi pecho, y el suelo directamente bajo mis pies.

Entero, completo, lleno, pleno.

No quiero nada más. No lo necesito.

Amablemente me fue ofrecido un sorbo de cerveza; sentí como cada gota que recorría mi garganta bajaba hasta el estómago. Una encantadora contradicción; el disfrutable sudor de mi piel con el frío sabor de una Club Colombia.

Pasan la horas, la música sigue sonando. Un profundo, aunque simplificado nivel de introspección, me permite en medio del baile y las risas, vislumbrar el camino para sobrellevar contrariedades que me acompañan desde hace más de una década.

La realidad empieza a aumentar de nuevo; a recobrar su normalidad. Sin embargo, las conclusiones que he logrado ver llegaron para quedarse. Volver a la normalidad es reír.

Reír después del éxtasis.

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